Es en la época navideña cuando un mayor número de cachorros es obsequiado.
Recibir un cachorro es un regalo maravilloso, sin embargo, con el presente adquirimos también obligaciones de cuidado y educación.
Entender y conocer a nuestro nuevo amigo, nos puede ahorrar frustración y enojos al momento de comenzar a enseñarle donde hacer sus necesidades.
Un cachorrito no controla sus esfínteres hasta aproximadamente los siete meses. Generalmente, tendrá ganas de orinar o evacuar, después de comer y al despertarse, por lo que debemos procurar, en esos momentos, llevarlos al lugar donde queremos que hagan sus necesidades.
Normalmente, no defecará u orinará el lugar donde duerme, come o juega, de tal manera que si el perro vive en la cochera o el techo de la casa, al entrar a ella es muy probable que “se haga”. No es burla, ni venganza, es simplemente un lugar poco visitado, por lo que aprovechara la ocasión.
Si nuestro perro vive en el jardín o en el patio, siempre querrá estar lo más cerca de su amo, por lo que hay que procurar ubicar su casa o tapete, cerca de la puerta de la casa al igual que su comida y agua, para que sus necesidades las realice al otro extremo del lugar.
En el caso de que viva en el patio, es recomendable darle de comer, recoger el excremento, mojar el lugar donde queremos que orine o defeque y después de media hora recoger de nuevo y lavar el patio, así durará limpio hasta la siguiente comida.
El caso de cachorros adquiridos en tiendas de mascotas donde en un espacio reducido, duermen, juegan y defecan, merece una mención especial, ya que su crianza requerirá mayor paciencia y tolerancia, porque para ellos es “normal” hacer todo en un mismo espacio.
Existe un gran número de razas de perros, cada una con características y aptitudes específicas, sin embargo, más allá de la raza, una buena crianza, con paciencia y cariño nos permitirá tener al compañero que hemos deseado. |